Siete postales desde la capital del dolor

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La colección “Nuestros Premios Cervantes”, dirigida por Mª Pilar Celma y Antonio Piedra, y editada por la Universidad de Valladolid y la Junta de Castilla y León, fue un emocionado y apasionado homenaje a los cuatro autores castellano-leoneses distinguidos con el premio Cervantes: Miguel Delibes, Jorge Guillén, Jiménez Lozano y Francisco Umbral.

En el cuarto de los libros, el dedicado a Umbral, y entre artículos de autores como Vázquez Montalbán, Juan Bonilla, Fanny Rubio, Manuel Hidalgo o Jesús Ferrero, apareció “Siete postales desde la capital del dolor”, mi particular homenaje a Francisco Umbral.

Cuando me dijeron que tenía que elegir un libro de Umbral, no me lo pensé dos veces. “Capital del dolor” fue el elegido. Una de sus maravillosas “novelas vallisoletanas” que tanto me han fascinado desde siempre. En ellas, Umbral nos mostraba la arqueología de su infancia y adolescencia a orillas del Pisuerga, el retrato del artista adolescente y la anatomía de un escritor de raza. La crónica estendhaliana de la pequeña ciudad plateresca. Los primeros amores, las primeras muertes, la guerra.

En “Capital del dolor” está todo el universo Umbral. Con la materia prima de la guerra y la destrucción, Umbral construyó los jardines colgantes de Babilonia. Umbral en plenitud tosiendo metáforas y viviendo eternamente rastreando adjetivos. Todo ello reducido a siete pequeñas postales enviadas desde la capital del dolor:

1. Que si melancolía, que si saudade, que si dolor.

2. Que si Paulo, que si Francesillo, que si Paco.

3. Que si la vida pasa, espejo urgente.

4. Que si muero cada día en la capital del dolor.

5. Que si me alimento de umbralianas.

6. Que sí, que hemos matado la infancia, que Tablares ha muerto.

7. Y ya todo me sale Umbral.


© Vicente Álvarez 2017