Una historia de amistad envuelta en perfumes artísticos. Una mujer que vuelve locos a dos amigos. Un amor de contrabando. Un accidente en París años atrás que (tal vez) abrió la puerta a un universo paralelo. Un CD-ROM erótico en el que aparecen unas fotos comprometedoras. Un turbio galerista parisino que dicen que ha muerto (y quizá más de una vez). Una historia de amor y desamor, de amistad y celos, de crímenes y arte, en la que se mezclan heréticamente universos paralelos, amores imposibles, fotografías eróticas, Toulouse Lautrec y un perturbador síndrome de Stendhal.

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PRÓLOGO. O DE POR QUÉ “GÉNESIS 1.32” HA ACABADO POR CONVERTIRSE EN “¿QUIÉN TE HA ENSEÑADO A BESAR?”

A veces las historias toman su propio camino. Hace muchos años escribí una novela que titulé “Viento Sur” (todavía conservo una copia de aquella novela tan horrorosa en la que lo único que merecía la pena era el título caligrafiado en su portada). Poco después escribí una novelette en la que mezclaba heréticamente universos paralelos, amores imposibles, fotografías eróticas, Toulouse Lautrec y un preocupante síndrome de Stendhal. Paralelamente, fui recopilando algunos pequeños textos protagonizados por varios de mis cuadros favoritos que formaban parte de un proyecto, que nunca llegué a concretar, titulado “Biografías de seres reales o imaginados según los casos y las circunstancias”. Todo ello, no sé muy bien cómo ni por qué, lo agité un día en una coctelera y nació “Génesis 1.32”, novela que acabó ganando el Premio de Novela Castilla-La Mancha el año 2001. Un año después, en 2002, la novela fue publicada por la editorial Nostrum y tuvo su pequeño momento de gloria con un multitudinario acto en Madrid donde sólo faltó el que iba a encargarse de la presentación de la novela, mi admirado Luis Eduardo Aute.

Aquella novela, “Génesis 1.32”, que antes se tituló “Te amo, yo tampoco” y que llevaba como banda sonora pegada a la piel el maravilloso poema de Francisco Pino “Aureola femenina (Muerte de Beatriz)”, gozó de una vida literaria fugaz y frustrante a partes iguales (algo nada infrecuente, por otro lado). Durante mucho tiempo regresé a ella con la convicción de que algo no había funcionado. No había que ser, en fin, muy perspicaz para darse cuenta de que la mezcla de aquellas tres narraciones tan dispares había acabado por ahogar a la propia novela. Siempre supe que la historia principal, la de la novelette, había quedado asfixiada por las otras dos historias. Y siempre supe que algún día recuperaría aquella novela corta.

Y ahora ha llegado el día.


© Vicente Álvarez 2017