La novela: aventura y perversión

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“La aventura de contar: La última narrativa en lengua española” fue un curso de coloquios, conferencias y mesas redondas organizadas por la Universidad de Valladolid durante los días 20, 21 y 22 de marzo de 2001. Una de las mesas redondas llevaba por título “La muerte del relato experimental”. En ella participé junto a los escritores Almudena Grandes, Luis Antonio de Villena y Julio Valdeón Blanco, el crítico literario Túa Blesa y el moderador José Ramón González. Las Actas del curso se publicaron en un libro en el que aparecieron además cinco conferencias. Firmé la titulada “La novela: aventura y perversión”.

 

“El escribir, el enfrentarse a una página en blanco, a una catarata de recuerdos desgarradores, a la experiencia diaria de construir barricadas con las palabras, el simple acto de luchar contra la tendencia embriagadora y pertinaz de repetirnos, es el mayor de los experimentos…."

 

"En la obra de cada uno se pueden encontrar esquirlas de algo parecido a la verdad disfrazada de mentira o la mayor de las mentiras recubiertas con el barniz de la verdad más productiva. Luego cada uno busca adornos y trajes fastuosos para su prosa o simplemente la desnudez del polvo del brillo de un espejo. Tal vez la aparatosidad de una estructura laberíntica o el detallismo de una historia construida al modo y manera de un orfebre; quizás la metáfora eléctrica desbordando cada renglón o el armazón milimétrico y tan depurado como una máquina de precisión suiza. Durante mucho tiempo se nos ha intentado convencer de que una buena historia (un buen relato policíaco, por ejemplo) era equivalente a literatura de consumo, que el triunfo popular era sinónimo de mal gusto y el éxito una auténtica desgracia. La “gran literatura” no necesitaba contar nada y debía sostenerse, única y exclusivamente, con el lenguaje, con el dominio y la dictadura de las formas, de la palabra. Así, algunos privilegiados alcanzaron la cima entronizando la nada. Y aunque la excelencia de su prosa constituía motivo suficiente para acceder a la historia de la literatura, los casos más llamativos y excelsos se podían contar con los dedos de una mano. Además, aunque sea motivo de irritación para algunos elegidos, es lícito que haya cabida para todo el mundo. Las puertas están abiertas. Es el momento de reivindicar a Dumas, Scott, Melville, Stevenson y tantos otros. Se puede, incluso, para escándalo de algunos, escribir una gran novela (con lenguaje depurado y todas las exigencias artísticas del mundo) contando a la vez una historia. Supongo que debe ser la gran aspiración de todo novelista que se precie".


© Vicente Álvarez 2017