Génesis 1.32

Genesis_1_32

 

 

Génesis 1.32 es una historia de celos, de misterio, de amor, de amistad…. donde la pintura y el arte tienen un protagonismo específico. Quien busque encontrar un libro que rompa los cánones de la novela tradicional y no dejar de leer hasta la última página, tiene en Vicente Álvarez un autor a seguir con devoción.
 

“Genesis 1.32” obtuvo el Premio Castilla-La Mancha de Novela.

 


La novela

«Siempre pierde quien más ama»
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El protagonista de la historia principal recibe en su casa tres paquetes. En el primero viene un manuscrito de su amigo Marcos Manfredi titulado “Lautrec a pedazos”; en el segundo viene un cd-rom erótico; y el tercero es un lienzo que se corresponde con un famoso cuadro de Toulouse Lautrec.

Entonces es cuando el protagonista empieza a recordar la historia del pintor Marcos Manfredi y de la enigmática Zaida Palermo. Al enterarse de que su amigo Manfredi está en la cárcel acusado de matar a un hombre decide acercarse a la casa de Zaida. Allí le dicen que ella marchó a París diez años atrás. Aunque eso es imposible porque él sabe que Zaida y Marcos llevan viviendo cinco años en esa misma casa, decide acercarse a París y resolver de una vez por todas el misterio que no deja de martillear su mente: ¿Por qué Marcos Manfredi ha matado a Nicholas de Céleyran?

Novela de original estructura, formada por veinticinco capítulos (cada uno de ellos remite a una letra del abecedario) que comienzan con una pequeña descripción de un cuadro y finalizan con un sueño que Marcos Manfredi ha tenido y que le cuenta a su amigo al ritmo impuesto por un inolvidable poema de Francisco Pino:
“Que el circulito que la virgulita que el punto con el otro punto tan minúsculos tan prometedores alubitas en salva sea la parte Que las mininas de los niños desnudos Cumbre Que los niños que se tiraban al agua por las perrillas Que para recogerlas con la boca Que el agua del puerto Que alguitas con el color de la carne Cumbre el color de las mininas Que un dinosaurio de repente como un gran manzano Que te daba zurriagazos con su inmensa cola rosada Que contra tu pubis Que contra tus senos Que yo corriendo como un damán como un ratoncillo un onagro al galope Que tus manos Cumbre paseándose como hormiguitas por mi cara Que yo de cera Que tú devolviéndome a la hembra a la manzana al paraíso Que ya veía alrededor de tus cabellos una aureola de mininas de niños Que millones de circulitos de virgulitas en salva sea la parte al revés buceando Que la parte comestible lunitas cometillas doradas Que una leyenda debajo HECHAS A TORNO Que tú Cumbre riéndote como un hormiguero nervioso Que qué odio qué devoción Que sí Cumbre Que sí Que no hay que darle vueltas. Es el Génesis o tus manitas innumerables felizmente en su firmamento”.

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«He aprendido que es un error hurgar en el pasado. También que el invierno es tremendamente largo sin recuerdos»


© Vicente Álvarez 2017